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El niño robado
… ven, oh, niño humano
a las aguas y lo salvaje
con un hada de la mano
pues en el mundo hay más llanto del que puedas comprender.
William Butler Yeats. El niño robado (1889)
Escuché esto por primera vez en un disco de los Waterboys, el Fisherman’s blues. Muchos años después Spielberg montó el final de la magistral Inteligencia Artificial en torno a estos versos.
Es el único poema en inglés que me sé. La tercera estrofa hace que se me salten las lágrimas. Recomiendo este poema, parece mentira que en un idioma tan endemoniado se pueda crear tanta belleza.
Se lo dedico a Chloe y a Edwina.
Chloe versus el Edificio España
El vídeo favorito de mi hija Chloe
Lo pongo varias veces al día a petición de la oyente (4 años).
Le encanta tocar la pantalla del ordenador y comprobar que no quema. Según ella, el humo blanco (01:30) es para que se queme más.
Un fin en sí mismo
Me llega procedente de una amiga un Llutiuf que me ha llamado la atención, pero de una forma distinta que a quien lo colgó. Se trata de una niña llamada Severn Suzuki que hace un discurso en la sede de ese chiringo llamado Naciones Unidas. El título del vídeo, con la genuina grandilocuencia y pedantería ecoprogre, nos da a entender que la intervención fue la releche y que el mundo entero quedó petrificado mientras la niña nos cantaba las cuarenta a todos los adultos malos malotes (Mani, ¿dónde estás?) que poblamos este pequeño planeta. El discurso es una redacción escolar como otra cualquiera de los millones que se encargan todos los días en todos los colegios del mundo, con la diferencia de que esta niña, no sabemos por qué, ha sido más afortunada que los demás pequeños pegándose un viaje de puta madre a Nueva York. Un vistazo a la biografía de la Señorita (o Señora) Suzuki nos cuenta que sigue viviendo como una reinona, viajando de aquí para allá, publicando libros y en no sé qué fantasmagórico panel de asesores (Ringring $, ringring $, ringring $).
También hace tiempo me llegó otro Llutiuf de una presentadora llamada Annie Leonard llamado La historia de las cosas, en un tono parecido al anterior pero más elaborado, claro, en el que también el tema principal es de hacernos sentir mal.
Y yo me pregunto: Trato de respetar las más elementales normas ambientales (perdonen que no diga medioambientales pero me parece una expresión horrorosa y redundante). Separo residuos, trato de consumir poco, uso transporte público. Educo a mis hijas para ello. Estoy currando todo el día para sacar adelante mi casa y a mi familia. Cuento el dinero cuando llega final de mes. Así que
¿POR QUÉ TENGO QUE AGUANTAR LOS SERMONES DE TODOS ESTOS POLITICUCHOS?
Porque de politicuchos se trata. Suzuki, Leonard, Gore y compañía. No llegan a políticos de verdad. No les libra de politicuchos el hecho de que exista una especie de absurdo consenso (casi consenso, yo no cuento) de que hacen una labor estupenda y maravillosa por lo cual se convierten en una especie de intocables a los que no se puede criticar.
Esta gente no ha hecho de esa defensa del medio ambiente su profesión. Ha hecho de dar discursos y asustar a los demás su profesión. Te meten diariamente tu dosis de carguito de conciencia contándote lo cabrón y malvado que eres para que tú asientas de forma acrítica mientras te llaman gilipollas. Ellos nunca son malos, claro, resulta que no comen, no cagan, no consumen, no van en coche, etc. Eres TÚ quien tiene que sentirse mal. Malvado. Sucio. Maloliente frente a sus bellas, blancas y relucientes túnicas farisaicas.Te restriegan el mal que estás haciendo pero no cómo dejar de hacerlo de forma práctica, realista y eficaz. Eso no, sería el fin del business. Tienen siempre sus listas negras pero las blancas no aparecen por ningún lado. Publican libros, dan conferencias, van a programas, venden vídeos. Se forran, se forran y se forran. Para ellos el objetivo no es salvar el planeta, sino decir que lo hacen, sermonear, hablar de ello. Es su profesión. Es un fin en sí mismo.
Se puede alegar, muy justamente, que alguien tiene que poner el justo equilibrio entre industrialización y ambiente y hacer este trabajo sucio. Muy bien, pues que lo hagan los políticos que ya están para eso y es en la política donde se corta el bacalao. Estas figuras intermedias son muy cómodas: todas las ventajas de ser político pero ningún inconveniente. Parece que no podemos criticarlos porque defienden una causa tan justa tan justa que nadie se puede atrever a alzar la voz contra ellos. Pues no es así.
Para terminar ilustraré con un ejemplo la sensación que me produce toda esta gente, contando mi comentario a Edwina cuando Chloe (4 años) decidió por su cuenta y riesgo reciclar papel tal y como había hecho en el colegio:
No es sólo que me haya cogido el periódico de hoy y me lo haya destrozado. No es que haya dejado la cocina hecha un asco con trozos de papel mojado y haya tenido que barrer y fregar. No es que tenga que tirar los dos trapos en los que ha envuelto la hoja reciclada porque están hasta arriba de tinta. No es que esté segura de que ha salvado un arbolito. No. Lo que más me fastidia de todo es que además ESTÁ FIRMEMENTE CONVENCIDA DE QUE DEBEMOS DARLE LAS GRACIAS.




